Rasgos del monitor de tiempo libre
El monitor ideal no existe, pero sí su imagen y es a ella a lo que hay que aspirar, porque el monitor debe estar en constante aprendizaje. El monitor no es tanto maestro como alumno. El monitor debe poseer algunos rasgos y cualidades necesarias:
Saber identificarse con el grupo
Debe ser un miembro más y no situarse como alguien ajeno. Resaltar la posición jerárquica puede provocar dificultades para integrarse. Si hay un fuerte desnivel entre el monitor y los demás miembros del grupo, puede caerse en paternalismos o en el protagonismo del monitor. Se debe exigir igualdad de trato con los demás miembros del grupo. Cuando hay una barrera de autoridad, se corre el peligro de una doble vida dentro del grupo: cuando se encuentra presente el monitor y cuando no. Este clima de igualdad no sólo depende del monitor, si no también del mismo grupo en su trato con él.
Debe ser aceptado por todos
O, al menos, por la gran mayoría. Es incluso conveniente que sea elegido por el grupo. Este respaldo le permite ser integrador y aglutinador mediador eficaz en los conflictos, ya que cuenta con la confianza del grupo. Debe tener ilusión por la tarea que el grupo tiene entre manos y por su tarea de monitor, lo que le hará inconformista, sacrificado y fiel, ya que lo que se hace a desgana se suele hacer mal. Por este motivo debe sentir el deseo de servir al grupo y a su causa.
Comprensión
Debe ser una persona cordial. El éxito de toda animación es fundamentalmente un problema de relaciones humanas. Si éstas fracasan, fracasa la animación. Un buen monitor valora a la persona y al grupo, reconoce sus cualidades y no se deja arrastrar por antipatías. Es comprensivo con los fallos del grupo. Sabe disculparse y perdonar.
Buen compañero
Entre las virtudes que debe desarrollar se encuentran la sociabilidad y la generosidad. Los demás deben sentirse a gusto a su lado y al mismo tiempo defender al grupo y a sus miembros cuando es necesario, y estar pendiente de los demás.
Sinceridad
Debe crear confianza en el grupo, lo que exige compromiso y fortaleza para decir lo que debe, aunque es importante saber elegir el momento y el tono.
Prudente
Por su función, es fácil que sepa más que los demás de las situaciones personales, de los conflictos en las relaciones de algunos miembros del grupo, de la vida oculta de algunos de ellos. Por este motivo debe ser dueño de su palabra y administrarla oportunamente, sabiendo en cada momento lo que tiene que decir.
Formal y formado
No se puede pedir a los demás lo que uno no está dispuesto a dar, por lo que ha de ser formal y exigente consigo mismo a la hora de preparar la reunión, de cumplir los compromisos, de llevar adelante las tareas del grupo, etc. La formación debe ampliarse en el conocimiento de las técnicas, de los fines del grupo, de la metodología del movimiento, en dinámica de grupo. Se necesita cierta experiencia y es muy conveniente iniciarse en una escuela de monitores. Ser un monitor en forma requiere un constante proceso de formación a través de cursillos, encuentros, lecturas.
Equilibrado
Un buen monitor no se deja llevar por los estados de ánimo. Para ello se requiere estabilidad y madurez emocional para mostrarse agradable y cordial incluso cuando más cuesta. Es necesario conservar la calma en todo momento y saber encajar los fracasos con serenidad. Saber entenderse y gobernarse a uno mismo es el primer paso para entender y gobernar al grupo.
Dialogante
El monitor debe saber escuchar y ceder para poder llegar al consenso siempre que sea necesario, pero también expresar su propia postura con claridad.
Desinterés
Estar al servicio del grupo en primer lugar y no buscar el propio beneficio.
Innovador
Es vital renovar los métodos, temas y técnicas. Un buen monitor tiene que estar en permanente búsqueda y estimular a su vez a todo el grupo. Tener talante innovador significa saber discernir lo importante de lo accesorio, lo profundo de lo superficial, para no dejarse atrapar por lo insignificante y traicionar, en cambio, los aspectos esenciales de la vida de grupo. El buen monitor ha de permanecer abierto al cambio y no sentirse angustiado ante las nuevas situaciones.
Rechazo del conformismo y la rutina
Es independiente y posee genuina libertad ante los hábitos sociales y los condicionamientos externos.
Confianza
En primer lugar, en sí mismo. Es el principio del equilibrio y la serenidad. Posteriormente, en los demás. Sin ella, se arriesga a caer en el autoritarismo. Es necesario saber delegar en los otros. Sin confianza, es imposible que el grupo crezca.
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